MADE IN BILBAO
(Incluido en la antología de relatos del primer certamen internacional Aste Nagusia 2013)

Llevaba todo el día dándole vueltas a su discurso, lo tenía casi terminado pero le faltaba algo, quería transmitir tantas cosas… En unas horas todo el mundo estaría pendiente de ella y no podía fallar. Se imaginaba en el balcón del teatro Arriaga, con la chaqueta amarilla y el bicornio negro de plumas, sería el hazmerreír de las pregoneras si no estaba a la altura, así que decidió buscar unas últimas gotas de inspiración.

Bajó al almacén del ayuntamiento y se paseó entre cajas, escaleras, castillos hinchables, cohetes, carteles, adornos, estaba todo preparado. Con cuidado acaricio el cartón piedra de los protagonistas de las fiestas, nunca había estado cerca de ellos, eran enormes y le resultaron tan tiernos. Aunque estuviera cerrado y oscuro, allí se respiraba vida. Se sintió acompañada.

Al salir notó un ruido extraño, parecían voces. Se asustó pero al percatarse de lo que estaba pasando, se escondió detrás de una columna y escuchó sin perder detalle:

— ¿Quién anda ahí? ¿Eres tú?
— ¿Acaso esperas que venga a verte el señor alcalde?
— ¡Tú siempre tan cortés!
— Lo que me faltaba. ¡Yo soy un señor! Con cultura, con idiomas, afrancesado, y tú mírate…
— Yo soy moderna, una mujer de mi tiempo, un emblema de la Villa. Y tú, más pasado de moda que el pantalón de mil rayas.
— Tú lo que eres es una descarada, siempre brazos en alto llamando la atención y no soportas que te haga sombra.
— Y tanto, con tu volumen
— Mira, yo soy un clásico, halagado y reconocido. Por mi tobogán se han deslizado ilustres infancias bilbaínas.
— Pues a mi vienen a verme de todos los países extranjeros, soy un símbolo de la capital de mundo, soy “made in Bilbao”.
— Aldeana.
— ¡Antiguo!
— Eres una “sin fuste”.
— ¡Borono!
— ¡Insustancial!
— ¡Comeniños!
— Maripija.
— ¡Fanfarrón!
— ¡Calla ya, eh! Calla. A quién le interesa la opinión de un invento moderno, sin clase y sin historia.
— Oye, oye, que ya tengo más de treinta años, y muy bien llevados por cierto.
— Venga, venga, encima no te quites.
— Que sepas que no renuncio ni a uno, ni de los buenos, ni de los malos, que de todo ha habido, ¿eh?
— Ni que lo digas. ¡Cómo me acuerdo de agosto del 83!
— Creí que te perdíamos gordo. Hasta que los comparseros te sacaron del Arenal estuve sufriendo.
— ¿Por mí?
— Pues claro, sinsorgo, por ti.
— Mudo me dejas pues, no me lo habías dicho nunca.
— Estaba esperando a ver si te arrancabas. Tienes boca grande, pero chico, no sueltas prenda.
— ¡Cómo eres Mari!
— Lo que llevo esperando a que me invites a unos kalimotxos y a ver los fuegos. Hale, ya lo he dicho. ¿Cómo puede ser este hombre tan coitao? Por la Amatxu de Begoña ¡Ene!
— Pero que guapa te pones, así sonrojadita. ¿Qué te parece si ahora nos comemos juntitos estos bollos de mantequilla?
— Churri
— Pochola

La pregonera cerró la puerta muy despacio para no molestar.

Al día siguiente desde el balcón del Arriga las autoridades saludaban a la multitud deseosa de festejos. La pregonera, antes de tomar la palabra, cogió del brazo a Marijaia y le dijo al oido “¿te has fijado qué guapo está hoy Gargantua?” Ella se sonrojo con complicidad.

Marijaia estaba más espectacular que nunca con una falda de vuelo azul Bilbao, a juego del pañuelo que recogía su melena rubia. Una blusa blanca anudada sobre la cintura dejaba ver un escote provocador. Los nuevos culotes rojiblancos le daban un aire picarón. Gargantua, bajo los tilos del Arenal no podía quitarle ojo. Como siempre, él llevaba su pantalón de mahón, camisa blanca impecable y pañuelo de fiestas. También estrenaba ropa interior del Athletic.

La pregonera puso orden entre los asistentes y comenzó su arenga, cada una de sus frases era aclamada por un público entregado a la fiesta antes de que empezase.
— Bilbaínos y bilbaínas –comenzó diciendo.
Los gritos de júbilo no la dejaban continuar. Dio entonces la bienvenida a los presentes, expresó su gratitud por representarlos en los actos festivos y recordó la importancia de la cita.
— Este año queremos homenajear a los emblemas de la Villa, a los que nos han enseñado a vivir las fiestas con sencillez, con humor, con autenticidad, dándolo todo año tras año. Gora Marijaia, ¿quién no ha bailado brazos en alto como ella? Gora Gargantua, ¿quién no se lanzado por su tobogán?
Del cielo caían serpentinas blancas, rojas, verdes y globos azules, al tiempo que las cuadrillas hacían cadenetas y saltaban sin parar.
— Tenemos que estar orgullosos de nuestras señas de identidad, de lo que nos hace irrepetibles- continuo la pregonera- de lo que nos recuerda nuestros orígenes y de lo que exportamos al mundo; desde el pantalón de mil rayas, al bollo de mantequilla.
Marijaia despistada, poniendo boquita de piñón lanzaba un sirimiri de besos que la multitud recogía entusiasmada. Solo ellas sabían que todos eran para Gargantua.
— Vecinos, amigos venidos de otros pueblos y países, hoy todos somos bilbaínos y bilbaínas. No dejéis para el año que viene lo que podáis hacer en esta Aste Nagusia: bailad, hidrataos, comed, divertíos. Hagamos un poquito el sinsorgo en esta semana de nueve días. Hay quien nos llama fanfarrones, pero ¿acaso no tenemos razones para ello?

De fondo se oía el chisporrotear del chupinazo que impaciente quería para saltar por los aires.
— Corren tiempos difíciles, pero ¿no hemos pasado por épocas peores y aquí estamos? Ahora que se cumplen treinta años de las inundaciones, recuperemos el espíritu del 83, saldremos adelante trabajando codo con codo. Y no olvidemos también disfrutar hombro con hombro, solo como nosotros sabemos hacerlo, porque ¡somos únicos! ¡¡Somos la capital del mundo!! ¡¡¡Somos “made in Bilbao”!!!