Porque no sólo de pan vive el hombre, no solo de pintxos y potes, en el caso de los bilbaínos, hemos inaugurado una nueva sección: Letras de Bilbao. Contamos con unos colaboradores de lujo, los alumnos del taller Literatura Viva que se desarrolla en la Alhóndiga bajo la dirección del escritor Alex Oviedo. Nos contarán lo que se mueve en el Bilbao de las letras. Han elegido el  relato titulado “En la Alhóndiga” para presentarse.

  EN LA ALHÓNDIGA

Existe un lugar en Bilbao donde los lunes, a eso de las siete de la tarde, se producen acontecimientos prodigiosos. Acude Dalí con sus esculturas, poemas y pinturas y, desde enfrente, le contempla un borracho resacoso con boca de estropajo. Un pájaro se convierte en hombre porque desea vivir en la ciudad y, luego, se le oye llorar porque quiere ser ave y no volar en soledad. A veces, aparecen caperucitas voraces que, por Navidad, se comen a un lobo inocente disfrazado de campesina que vende mazapanes; panaderas de día, se tornan princesas de noche con la esperanza que se esconde en un par de zapatos nuevo; o el niño Marco, con su mono Amedio, desea con fuerza ver alejarse a su madre en el barco y curar las heridas que sus golpes le han causado. Ocurren horribles asesinatos, perpetrados por inocentes y despechadas amas de casa y por seres poseídos por la muerte. O que un grupo de niños, que hace una travesía en velero, sea atacado por una ballena. Hay también magia blanca de niñas brujas, magia verde conjurada bajo la copa de un árbol y magia negra de un hechicero de ébano, que proporciona a las mujeres desconsoladas una segunda vida de deseo. Desfilan funcionarios de ayuntamiento con la cabeza debajo del brazo, rostros desfigurados que sólo recobran su aspecto normal cuando ensayan en el espejo el esforzado gesto de expeler sus excrementos, hombres que no paran de andar, sin saber dónde van, hasta que su cuerpo se diluye en las aguas de un lago. Conviven amigos, enemigos, santos y asesinos; hasta  el mismísimo Dios, conversa con Lucifer en un ascensor.

Y amor, hay amor. Una maquilladora con el meñique amputado se enamora de un funerario mientras con sus pinturas resucita la expresión de un cadáver. La Luna y el Sol se confiesan su eterna atracción en un encuentro fugaz cada dos años.

Hay un viejo almacén de vinos en Bilbao, con tejado de agua y cristal, donde los lunes, dicen, se reúne una extraña secta que invoca el poder de los espíritus de las letras y la imaginación: un maestro de ceremonias y trece más, que se enfrentan sin piedad, con un bolígrafo y dos cuartillas, al aburrimiento y las pesadillas de la vida.