presentacion de la agenda en GALICIA

El escritor Alex Oviedo con el escritor y editor Francisco Castro  en la  presentación de “La agenda de Héctor” en Coruña

Héctor regala a su amigo una agenda durante el curso que compartieron  como estudiantes de periodismo. En esa agenda, su amigo, “protagonista sin nombre” hace anotaciones de pensamientos, hechos, impresiones, añade fotos, entradas  de baloncesto…. Años después examina la agenda  y comienza una exploración sicológica de los motivos y  los hechos que produjeron el abrupto suceso que no revela hasta el final de la novela.

Lo primero que sorprende al lector   de la “Agenda de Héctor “del escritor bilbaino Alex Oviedo,  es su encuadre editorial y su  presentación como novela juvenil por, el también escritor y amigo del autor, Seve Calleja.

Es cierto que cada día es más difícil definir esa frontera que separa lo juvenil de lo adulto. A veces, consideramos que una buena pista para determinar la edad del posible  lector es la de los protagonistas de la obra. Pero no creo que la novela de Alex Oviedo vaya dirigida exclusiva ni fundamentalmente  a jóvenes.

Y esto es importante destacarlo, porque no es bueno llamar al lector a engaño a riesgo de defraudarle. La mayoría de los jóvenes- he hecho la pregunta a varios entre diecisiete  y veintidós  años-, buscan narraciones de aventuras, intrigas, asesinatos o fantásticas historias de ficción  que  se convierten fácilmente en guion  de películas y  videojuegos de acción. Pero en la Agenda de Héctor, Oviedo  pospone la narración a la descripción de los estados de ánimo, pasiones y conflictos psicológicos de su protagonista. El lector nada sabrá  de  la acción hasta la página131. Hasta ese momento el autor profundiza en  la  acción interna frente a la  externa y  enfatiza la caracterización interior de sus personajes. Por eso, si tuviera que clasificar “La Agenda de Héctor”, diría que se trata de una novela de análisis psicológico.

El autor  usa en su texto un lenguaje sencillo, resultado  de una cuidada  y compleja elaboración, que le permite combinar elementos de la literatura con el cine. El guiño expreso a la Ventana Indiscreta, cuando espía a su vecina, convierte al lector en un espectador que sin saber exactamente por qué, comienza a inquietarse. La repetición de pensamientos, imágenes, la ubicación del narrador en el espacio cerrado de una habitación, van rodeando al lector de una atmósfera asfixiante y opresora que le sitúa en las sensaciones del narrador para desembocar en apenas una docena de páginas de acción a velocidad  desenfrenada,  escritas con igual acierto que las anteriores.

Hay otra idea central, otro pensamiento obsesivo en la novela que se repite en sus  obras, la complicada relación de la literatura con la vida. ”Creo sentirme  como el autor que, entregado a la tarea de creación de personajes, se identifica de tal manera con ellos que pasan a formar parte de su subconsciente, de su mundo objetivado, como algo más del entorno, no sabiendo con certeza  si no pertenecerían a la Historia  antes de que él los hubiese creado” Como Paul Auster en “La noche del Oráculo”, uno de los grandes ejes de la novela sicológica, plantea un  personaje imaginario arrastrado por ocultas pasiones, complejos e inseguridades , hasta llegar a confundir al propio lector, sobre si Oviedo trama sus historia o ésta le arrastra a él.

¿Es Héctor realmente amigo del narrador? ¿Le admira o le odia por poseer la seguridad con las mujeres que él no tiene, por tener la osadía de manifestar abiertamente sus opiniones aun cuando se equivoque? A Héctor se le ve, se le tiene en cuenta. Por eso la agenda sigue siendo de él aun cuando pertenece al narrador que es quien la ha llenado de contenido. Héctor tiene nombre, el protagonista no, porque a lo largo de la novela está buscando quién es, esa identidad que añora y no tiene. Y es que como dice Saramago en el “Ensayo sobre la ceguera”: “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos”. “La agenda de Héctor” se adentra con valentía y acierto  en esas tripas sicológicas. Ni más ni menos.